martes, 17 de marzo de 2015

BILBAO-BILBAO 2015

Se confirmaron los peores pronósticos, e incluso se quedaron cortos. No sólo la lluvia y el frío hicieron acto de presencia, el granizo en varias ocasiones también nos acompañó durante toda la jornada.
La jornada para el recuerdo comenzó muy perezosa por mi parte, ya que las ganas de dormir y el ruido de la lluvia golpeando contra el techo de la caravana incitaban a seguir echando una cabezadita, pero no podía faltar a mi gran primera cita en esto de las cicloturistas.


Pensando seriamente si regresar al bus del equipo…

Con más ilusión que ganas dadas las condiciones, mi amigo Armando y un servidor enfilamos la línea de salida encabezando el grupo de las 8:45. Desde que partió el grupo anterior hasta el kilómetro dos o tres la climatología nos dio un respiro, dándonos un poco de fe a la hora de plantearnos si salir con los chubasqueros o guardarlos, pero en nada nos dimos cuenta de que esa idea sobraba completamente en éste fin de semana…
Durante los primeros 10-15km lluvia y granizo fueron los causantes de que cada 50 metros se observaba que bastantes cicloturistas se planteaban lo que estaban haciendo, ya que o bien se cobijaban en las marquesinas de autobuses y gasolineras o directamente daban media vuelta en las múltiples rotondas que poblaban los kilómetros iniciales. No eran pocos, pero aun así la cantidad de penitentes  y sufridores que continuamos en la aventura no mermó en exceso ya que durante el trayecto llegamos a observar un dorsal 6800 y en ningún momento llegamos a rodar “a solas” ni mucho menos, siempre había que mirar por el rabillo del ojo antes de realizar algún movimiento como adelantar, desviarse para descargar el depósito o evacuar las fosas nasales.
Los siguientes kilómetros continuaron más o menos con la misma tónica: lluvia, espray del que sigues la rueda (un precio tal vez algo elevado), recorrido rompepiernas con múltiples repechos y algún que otro puertecito curioso y la dificultad añadida de comenzar a adelantar a los compañeros de turnos anteriores que se iban perdiendo rueda.

Y así llegamos al avituallamiento en el km 60, momento para reagruparnos Armando y yo, al que “dejé escapar” los últimos 10-15 kilómetros del recorrido. Breve parada para comer lo que dio tiempo antes de darnos cuenta de que la cosa se estaba poniendo verdaderamente difícil, volvía a pintear y la temperatura no ayudaba en absoluto. Media manzana, dos barritas y cambio de batería de la GoPro es todo lo que dio tiempo a hacer pero ya era tarde, las manos empapadas y unos guantes de neopreno que cumplen su cometido a la perfección  y no dejan entrar el agua, tampoco salir... Estábamos HELADOS.
En la zona de avituallamiento con David Solana, del Club Ciclista A Fogatina.



Salimos del parque tecnológico intentando entrar en calor, buscando cadencia sin apenas mover desarrollo, casi se podía decir que hacíamos el ridículo más que otra cosa, pero funcionó. Y como había pasado antes, en cuanto entramos en calor no había quien echara el lazo a Armando (gran persona y mejor ciclista), lo dejé ir… No volvería a verle hasta la línea de meta, pero estaba todo controlado, habíamos dado caza a los miembros del Club Ciclista A Fogatina, amigos y conocidos desde la etapa de los Lagos de Covadonga de la Vuelta a España 2014, con quienes tiraría para delante hasta el final de carrera.

Los kilómetros empezaron a hacerse algo más pesados, el trazado y la velocidad hacían mella en las piernas y afrontamos las dos últimas cotas de la prueba, las más duras y seguida una de la otra con apenas 500 metros de separación. Comenzamos la ascensión “cogiendo cadáveres” todos juntos, pero en pocos cientos de metros David Colina y yo, ambos más rodadores que escaladores, levantamos el pie evitando provocar un petardazo que escucharan hasta mis compañeros del Club, en León… Llegamos a la cima donde nos reagrupamos y comenzamos el descenso tal vez más rápido de lo que las condiciones recomiendan, pero siempre (“siempre”) muy seguros.
Acaba el descenso y aún restan 20 kilómetros para Bilbao, pero prevenido por Colina llega nuestro terreno, y ambos habíamos guardado fuerzas en la subida… Entramos en la autovía y empieza el “llano”, ese llano que pica para abajo y nos vuelve locos a los rodadores. Rearmamos la grupeta y empezamos a rodar a bloque, pero con relevos contados, resulta que Colina había guardado más de lo que pensaba y al resto no nos quedaba más madera para mantener el ritmo demencial que habíamos impuesto. La gente de los pueblos que atravesábamos animaba a todos y cada uno de los cicloturistas que circulaban por el carril derecho, pero al ver el tren verde (y algún fichaje sin equipación como yo) que avanzaba por el carril izquierdo enmudecía o animaba aún con más fuerza al vernos un prólogo del Giro con formato CRE se tratase. La distancia caía en el Garmin a poco más de minuto por kilómetro, superlativo para las condiciones de la carretera y el trayecto que habíamos completado en las 3 horas y media precedentes.
Completamente desfondados por los últimos repechos que forman la entrada a Bilbao, encaramos la recta de meta al sprint entre los aplausos de admiración de los ciudadanos por el valor y entrega que mostramos los miles que afrontamos la intensa jornada.


En meta con mi amigo Armando, del LeónAir-HotelCondeLuna MasterTeam.

Distancia y tiempo final: 113km y 3:53h. La experiencia de dar todo lo que tienes dentro de ti por un deporte de pasión y penitencia en ésta jornada, no tiene precio.
Bilbao-Bilbao, ha sido un placer y volveré, pero espero que tu hospitalidad en lo que a climatología se refiere aumente en gran medida.


Adrián Rodríguez, 15 de marzo de 2015.

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